En un momento donde muchos restaurantes apuestan por cartas extensas para “cubrir todo”, hay lugares que eligen lo contrario: menos platos, más intención. Una carta corta es una declaración, reduce margen de error, obliga a precisión y deja claro que la cocina tiene identidad. 

Cuando el menú es contenido, cada plato importa. No hay espacio para relleno ni para concesiones genéricas. Esa lógica suele traducirse en mayor consistencia y en una experiencia más enfocada. Tres ejemplos en la Ciudad de México donde la brevedad del menú juega a favor. 

Bartola 

Bartola construye su propuesta desde una cocina vegetal contemporánea donde cada preparación tiene técnica clara y discurso coherente. La carta no intenta abarcar todas las posibilidades de la cocina plant-based; selecciona y ejecuta. 

La sensación al revisar el menú es que todo fue pensado para funcionar en conjunto. Menos opciones implican más control sobre producto, rotación y estandarización. El resultado es una experiencia donde el comensal confía en la selección sin sentir saturación. 

Corsi 

Corsi apuesta por una cocina italiana bien editada. No hay veinte variaciones de pasta ni una lista interminable de entradas. Hay lo necesario para sostener una identidad clara. 

Cuando la carta es corta, la expectativa se traslada a la ejecución. La pasta debe estar en punto exacto, las salsas no admiten distracción y el equilibrio general del menú depende de coherencia. En ese contexto, la brevedad se vuelve garantía de enfoque. 

Recio 

Recio se mueve en una línea más directa y centrada en producto. La carta breve permite que cada ingrediente tenga protagonismo real y que la cocina opere con mayor precisión. 

Menos platos implican menos improvisación. La consistencia no depende de volumen sino de control. Y en el sector restaurantero, el control suele ser la diferencia entre una visita correcta y una que merece repetición. 

Una carta corta no es minimalismo decorativo, es confianza en que lo que se ofrece está pensado, probado y sostenido. En tiempos de exceso, la edición se vuelve signo de criterio.