La Odisea llegó a cines en México el 16 de julio. Más de un mes después, la película de Christopher Nolan sigue comportándose como si estuviera en su primer fin de semana: funciones IMAX llenas, preventas que obligan a comprar con anticipación y una permanencia en formato premium que ya se convirtió en parte central de su éxito comercial.

Los números explican por qué.

En México, la película abrió con 7.5 millones de dólares y para finales de agosto ya acumulaba cerca de 34.7 millones de dólares en taquilla. A nivel global, el fenómeno ha sido todavía más contundente, especialmente dentro de IMAX.

La película abrió con 52 millones de dólares únicamente en pantallas IMAX, el mejor estreno global de la historia del formato en mercados comparables. En América del Norte, recaudó 29.6 millones de dólares en IMAX durante su primer fin de semana, equivalentes al 23.8% de su taquilla regional, pese a estar disponible en apenas 444 pantallas de ese formato.

La proporción siguió creciendo.

IMAX dejó de ser un extra y se volvió parte del producto

Para el 10 de agosto, La Odisea ya había recaudado 289 millones de dólares en IMAX, suficientes para convertirse en la película más taquillera de toda la historia de la compañía. En ese momento, el formato aportaba más del 26% de la recaudación mundial total de la cinta.

Una semana más tarde, después de su llegada a China, la cifra había subido a 346.4 millones de dólares.

Solo en China, IMAX generó 19.3 millones de dólares entre funciones previas y estreno, equivalentes al 53% de toda la taquilla de la película en ese mercado utilizando apenas 1% de las pantallas disponibles.

Eso convierte el caso en algo mucho más extraño que un blockbuster exitoso.

Nolan consiguió que una proporción enorme del público estuviera dispuesta a pagar más, desplazarse a complejos específicos y adaptar horarios para ver una versión concreta de la película.

La demanda comenzó incluso antes del estreno. IMAX reportó 50 millones de dólares en preventas, la cifra más alta de su historia. Las 41 salas del mundo capaces de proyectar la película en IMAX 70mm generaron 6.3 millones de dólares solamente durante el primer fin de semana, con un promedio de 153 mil dólares por pantalla.

Y semanas después seguía quedando dinero por cobrar.

El 10 de agosto, IMAX reportó casi 40 millones de dólares en preventas para funciones futuras, además de localidades agotadas durante semanas. La compañía confirmó entonces que la película mantendría presencia en su red global al menos hasta el 17 de septiembre.

Por eso la experiencia actual resulta tan particular en México: intentar comprar una función IMAX para el mismo día puede terminar fácilmente en primeras filas, horarios incómodos o simplemente esperar otra fecha.

Nolan convirtió su nombre en propiedad intelectual

La operación resulta todavía más interesante cuando se observa qué estaba vendiendo Universal.

La Odisea tuvo un presupuesto de producción reportado de alrededor de 250 millones de dólares, además de aproximadamente 125 millones destinados a marketing. Se filmó durante 91 días en seis países y Nolan recibió un acuerdo extraordinario: 20 millones de dólares adelantados contra una participación estimada del 20% de la parte de taquilla correspondiente al estudio, compartida con la productora Emma Thomas.

Universal aceptó semejantes condiciones porque Nolan se convirtió en una rareza dentro de Hollywood: un director capaz de funcionar como franquicia.

Forbes reportó que, un año antes del estreno y antes de la campaña masiva de marketing, más del 70% de las personas que ya conocían la existencia de La Odisea manifestaban intención de verla en cines. Para comparar, Avatar: Fire and Ash y Sinners registraban alrededor de 45% dentro del mismo estudio citado.

El público estaba comprando Homero, desde luego.

También estaba comprando Christopher Nolan.

Una película diseñada alrededor de una pantalla

El director tampoco trató IMAX como simple formato de exhibición.

La Odisea es la primera película estrenada comercialmente rodada completamente con cámaras de película IMAX. Nolan y su director de fotografía, Hoyte van Hoytema, utilizaron aproximadamente 2.1 millones de pies de película IMAX durante la producción.

Para conseguirlo, IMAX desarrolló junto con ellos una nueva cámara llamada The Keighley y un sistema especial para reducir el ruido mecánico de las cámaras y permitir grabación de sonido sincronizado durante escenas dialogadas.

La tecnología terminó formando parte de la campaña sin necesidad de convertirse en especificación geek.

El mensaje para el público fue mucho más sencillo: esta película fue construida para verse enorme.

Y funcionó.

En julio, La Odisea ayudó a IMAX a generar 257 millones de dólares en un solo mes, el julio más taquillero y, en ese momento, el mejor mes de toda la historia de la compañía. La película también se convirtió en la más rápida en superar 200 millones de dólares dentro del formato.

Incluso sus héroes juegan contra el blockbuster tradicional

Hay además una decisión interesante dentro de la propia película.

Nolan reunió a Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Zendaya y Charlize Theron, pero evita construir la épica alrededor de cuerpos convertidos en estatuas.

Odiseo aparece castigado por el viaje. Los personajes femeninos conservan atractivo y presencia, aunque el vestuario, el maquillaje y la fotografía los integran al mundo antes de convertirlos en apariciones glamorosas.

Es una diferencia sutil frente a epopeyas como Troya, donde el físico de Brad Pitt como Aquiles era prácticamente otro elemento de producción.

Aquí la monumentalidad está en otro sitio.

En el mar. En la escala. En los barcos. En las criaturas. En los paisajes. En esos 2.1 millones de pies de película IMAX.

Ese detalle ayuda a entender mejor el fenómeno.

La Odisea pudo vender estrellas, pero terminó vendiendo experiencia.

Más de cinco semanas después del estreno, encontrar una sala premium llena sigue siendo una de las pruebas más claras de que Nolan consiguió algo que Hollywood lleva años intentando recuperar: convertir una ida al cine en un evento que requiere reserva