Llegar al cine con demasiada expectativa puede sabotear incluso una buena película, porque la experiencia ya viene condicionada. En la era del tráiler extendido, la filtración estratégica y la conversación anticipada en redes, el espectador rara vez entra en blanco.  

Diversos estudios en psicología del consumo muestran que cuando la expectativa se eleva demasiado, la satisfacción depende menos de la calidad objetiva del producto y más de la distancia entre lo que imaginabas y lo que recibes. Cuando esa brecha es grande, la sensación de decepción se intensifica, incluso si la obra es sólida. 

Cuando la promoción construye una película paralela 

Las campañas actuales venden estrenos como “eventos generacionales” o “obras maestras instantáneas”. El marketing no solo presenta una película, crea una narrativa alrededor de ella. La audiencia llega a la sala lista para confirmar o desmentir ese relato, no necesariamente para descubrir la historia que está en pantalla. 

Además, los tráilers revelan cada vez más. Escenas clave, giros insinuados, diálogos memorables extraídos del clímax. El resultado es una experiencia parcialmente anticipada que reduce el impacto emocional. La sorpresa, que es uno de los activos más valiosos del cine, se diluye antes del estreno. 

Cómo evitar que la expectativa te arruine la experiencia 

Evitar el efecto del hype es moderar el consumo previo. Ver un solo tráiler en lugar de tres, evitar reseñas detalladas antes del estreno y desconfiar de calificativos absolutos ayuda a llegar con curiosidad. 

También es útil separar el ruido colectivo de la experiencia personal. Las primeras 48 horas tras un estreno suelen amplificar opiniones extremas. Entrar al cine sin haber leído el veredicto masivo permite formar una lectura propia, sin presión externa. 

La expectativa moderada vuelve manejable la emoción. Permite que la película sorprenda, incomode o entusiasme sin compararla constantemente con una versión idealizada.