Samantha Fish: una artista que rompe moldes
Samantha Fish es una artista como ninguna otra por una simple razón: trata al blues como materia viva. Su trabajo reciente en Paper Doll, su más reciente disco, terminó de confirmar esa posición.
En su propio sitio, el álbum se presenta como una obra donde decidió empujar sus fortalezas al máximo, y la conversación crítica de los últimos meses la ha seguido describiendo como una artista capaz de unir guitarra feroz, escritura directa y una presencia escénica mucho más física que ceremonial.

Eso importa porque el blues sigue siendo un territorio con inercias muy marcadas. Fish no lo abandona, pero sí lo tensiona. Mete rock, energía de escenario, una voz cada vez más frontal y una idea menos museística del género.
La nominación de Paper Doll al Grammy 2026 como Best Contemporary Blues Album reforzó justo esa lectura: no está rompiendo moldes desde afuera, sino desde dentro de una tradición que parecía más rígida de lo que ella ha demostrado.

El blues cuando deja de obedecer
Las reseñas recientes de su gira y del anuncio de Paper Doll Live coinciden en subrayar una cosa: Fish sigue siendo especialmente convincente sobre el escenario. Ahí su propuesta se vuelve todavía más clara. No hay reverencia distante ni reconstrucción nostálgica del género; hay presencia, volumen, riffs, cuerpo. Esa cualidad performática le permite que el blues le quede menos como uniforme y más como combustible.
Por eso Samantha Fish sí entra en la categoría de artistas que rompen moldes. Basta con escuchar cómo toca, ver cómo se planta y entender que su relación con el blues no es la de una guardiana del canon, sino la de alguien que todavía cree que el género puede tensarse sin perder fuerza.





