Scary Pockets ocupa un lugar raro en la música reciente. No es exactamente una banda tradicional, pero tampoco es un grupo genérico de covers. Es una máquina de funk contemporáneo construida sobre reinterpretaciones, invitados rotativos y una intuición muy fina para volver familiar algo que suena nuevo.

Su sitio oficial mantiene activo el proyecto en 2026 con tienda, membresía y catálogo, y YouTube Music lo define como un colectivo funk estadounidense formado en Los Ángeles en 2017 por Jack Conte y Ryan Lerman.  

Lo que rompe moldes en Scary Pockets es el formato. Rehacen canciones conocidas y, en lugar de quedarse en la nostalgia fácil, las reescriben desde el groove, el arreglo y la complicidad entre músicos.

Scary Pockets

Esa lógica los sacó del territorio de “cover band premium” de bodas y los metió en otra conversación: la de proyectos que entienden internet, ejecución musical y comunidad como una sola cosa. Ticketmaster todavía los mantiene como artista activo y recuerda el peso de su elenco rotativo dentro de las giras recientes.  

La reinvención como estilo, no como truco 

En Scary Pockets también hay una lección sobre sofisticación pop. Toman material muy conocido, lo desacralizan sin ridiculizarlo y lo convierten en algo más físico, más bailable, más humano.

Esa operación podría sentirse calculada o repetitiva; en ellos suele sentirse musical. Quizá por eso siguen teniendo base tan leal. Venden una forma de volver a escuchar canciones. 

Rompen moldes porque entienden que la originalidad no siempre consiste en inventar desde cero, sino en tocar con suficiente personalidad como para que una canción ajena suene como si siempre hubiera querido llegar ahí.