El vape premium vive en una zona incómoda entre diseño de objeto, hábito de consumo y conversación regulatoria. Por un lado, el mercado global sigue creciendo y varios reportes de 2026 lo proyectan con fuerza; por otro, el escrutinio legal y sanitario no ha hecho más que aumentar.

Reuters informó hace unos días que el mercado estadounidense de vapeo sigue enorme —unos US$12 mil millones en 2024— mientras nuevas marcas intentan presentarse como “Made in America” en medio de presiones regulatorias y comerciales. Ese dato ya dice bastante: el hábito existe, pero su marco de legitimidad sigue siendo inestable.  

Los estudios de mercado también apuntan a que el fenómeno no se está evaporando. Coherent Market Insights estimó el mercado global de e-cigarette and vape en US$48.2 mil millones para 2026, con fuerte crecimiento esperado en los próximos años, y Grand View Research también lo ubica en expansión acelerada tras un 2025 robusto.

Vape smoking tool on black smoky background with berries close up

Aunque estos reportes no son autoridad sanitaria, sí sirven para leer una cosa con claridad: no estamos viendo una moda que se apaga sola, sino una categoría ya instalada en el comportamiento de consumo.  

El lujo del dispositivo no resuelve la pregunta de fondo 

Lo “premium” entra por diseño, materiales, acabados, sabores, experiencia de uso y el gesto de convertir el dispositivo en objeto de estilo. Pero ese barniz no cambia lo central: si estamos frente a una moda estética o frente a un hábito ya absorbido por la vida cotidiana.

La escala del mercado sugiere lo segundo. Reuters, de hecho, retrata una industria lo bastante consolidada como para rediseñar origen, branding y narrativa de manufactura frente a nuevas presiones. Esa no es la conducta de una tendencia efímera.  

La respuesta, entonces, es menos romántica de lo que quisieran las marcas. El vape premium puede tener rasgos de moda en su presentación, pero el vape como práctica ya parece más hábito instalado que capricho pasajero.

Otra cosa es cuánto resista esa instalación bajo presión regulatoria, sanitaria y cultural. Ahí todavía no hay una respuesta tan elegante. Solo una tensión entre deseo de consumo y capacidad de la industria para seguir normalizándolo.  

Vaping device on the wooden table