Un teléfono conoce rutas, horarios, fotografías, conversaciones, compras y hábitos. Gran parte de esa información llega a las aplicaciones mediante permisos concedidos durante instalaciones rápidas y olvidados durante años.

El primer ajuste es ubicación: cada aplicación debería tener acceso acorde con su función, de preferencia solo durante el uso y con ubicación aproximada cuando la precisión resulte innecesaria. El segundo es micrófono y cámara: conviene revisar qué apps conservan permiso. El tercero es rastreo publicitario, especialmente entre aplicaciones y sitios de distintas compañías. Apple y Android permiten administrar estos accesos desde sus paneles de privacidad.

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Los permisos olvidados también cuentan

El cuarto ajuste corresponde a fotografías y contactos. El acceso limitado a imágenes específicas suele bastar para editar o publicar una foto. El quinto es la limpieza de aplicaciones abandonadas: una app que lleva meses cerrada aporta poco y conserva permisos, sesiones y datos.

En iPhone, la ruta principal está en Configuración, Privacidad y seguridad. En Android, el Panel de privacidad permite ver qué aplicaciones usaron ubicación, cámara o micrófono y en qué momento. Diez minutos de revisión pueden reducir bastante la cantidad de información que circula sin atención.