Llévala a una galería y conoce su gusto
Lo más complicado de hacerle un buen regalo a una mujer es sorprenderla. Que vamos a ver: no es que sean de Marte, pero ¿qué sorpresa tiene si ya sabe que le vas a dar algo? Peor: si ya sabe qué es.
Por eso tu Tío Royal te trae una idea de oro. Guárdala bien, porque no tengo estos accesos de bondad tan seguido: invítala a una galería de arte. Lo primero que vas a saber es, en efecto, si le gusta el arte. Le gustas tú, así que seguro tiene paladar.
Ya en piso sabrás qué cosas le atraen más: lo moderno, lo contemporáneo, lo clásico, lo atrevido, lo conservador… Mejor aún si es un espacio con venta de arte –y cocteles donde pueda mostrar lo mejor de su guardarropa. Por ejemplo: la Galería Arróniz está cumpliendo 20 años, y los celebra con el ciclo [Resonancias] Arróniz. En él, bajo la curaduría de Cecilia Fajardo-Hill, se exhiben obras que nos conectan con lo visual pero también con lo que nos recuerda la vida.
Hay, por ejemplo, una abstracción de una cama. Se trata de The Tides (after H.W. Longfellow) (2014), inspirada en un poema de Henry Wadsworth Longfellow. Forma parte de The Flood: una serie que nace de mis recuerdos de las inundaciones estacionales
en la casa de mi infancia, en Chetumal, en la costa caribeña de México. Particularmente, de una noche en la que, «al despertar, encontré mi habitación invertida, reflejada sobre la superficie del agua e iluminada por la luz de la luna», cuenta Omar Barquet, su autor.
El vidrio azul y los espejos transforman y fragmentan las formas del mobiliario doméstico, recreando la percepción alterada del espacio durante una inundación. El agua aparece así como una fuerza que modifica e invierte el paisaje, pero también como un elemento ligado a la memoria y al paso del tiempo: al retirarse, deja tras de sí las huellas físicas y simbólicas de los fenómenos naturales sobre los cuerpos, los objetos, los espacios y el entorno.

En contraste, encontramos Materia Pendiente (trabajo acumulado)(2026) de Ricardo Rendón, quien demuestra la metafísica de las cosas en las cosas mismas, con sus vacíos que se niegan a abandonar este mundo o buscar explicaciones en algo más allá de aquello que puede verse y tocarse. Es dentro de la obra en que aquello que puede verse y tocarse, y en su proceso de creación, donde permanece el pensamiento generado por la obra, no fuera de ella.

Una de las piezas más interesantes por su técnica es SUAVESTAR (2026). El título (Suavestar) de esta obra es una cita de una marca de colchones mencionada en una canción de la banda argentina Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Suavestar propone una ilusión: un dibujo tridimensional que aparenta representar la estructura interna de colchones de resortes, pero cuyos elementos, paradójicamente, se presentan suaves, dóciles y maleables. La pieza está dibujada artesanalmente con una pistola de silicona caliente y teñida con grafito en polvo para producir una apariencia metálica, mientras que la canela y la cúrcuma —condimentos con propiedades antioxidantes— generan tonalidades que evocan el óxido.
La muestra puede visitarse desde el jueves 3 de septiembre de las 10 am a las 6 pm. De ahí, siempre queda la cena. ¿Te apuntas?






