Una ciudad que parece adelantarse al futuro, barrios donde sobreviven tradiciones centenarias y una noche entre aguas termales. Así comienzan cinco días inolvidables en Japón.

Japón puede desconcertar incluso al viajero experimentado. Sus estaciones ferroviarias parecen pequeñas ciudades, la tecnología convive con rituales centenarios y un restaurante con apenas ocho lugares puede ofrecer una de las mejores cenas de tu vida.

Una ciudad que parece adelantarse al futuro, barrios donde sobreviven tradiciones centenarias y una noche entre aguas termales. Así comienzan cinco días inolvidables en Japón.

Japón puede desconcertar incluso al viajero experimentado. Sus estaciones ferroviarias parecen pequeñas ciudades, la tecnología convive con rituales centenarios y un restaurante con apenas ocho lugares puede ofrecer una de las mejores cenas de tu vida.

Para conocerlo por primera vez, dos semanas representan una excelente oportunidad. Nuestro itinerario comienza con cuatro días en Tokio y una noche en Hakone, antes de continuar hacia las antiguas capitales y el oeste del país.

Día 1. Ginza: la primera impresión de Tokio

Después de un vuelo largo, lo mejor es comenzar sin prisas. Ginza, uno de los distritos más elegantes de Tokio, ofrece una introducción particularmente atractiva.

Entre las boutiques internacionales aparecen tiendas especializadas en papelería, relojería, gastronomía y objetos de diseño. La arquitectura merece tanta atención como sus escaparates.

Al caer la noche, una cena japonesa seguida de un cóctel en alguno de los bares de la zona es una buena forma de entrar en contacto con la ciudad.

Ginza y Marunouchi también son excelentes opciones para hospedarse por su ubicación y conexiones de transporte.

Día 2. Asakusa: el Tokio que conserva sus tradiciones

Tokio suele asociarse con rascacielos y pantallas gigantes, pero parte de su atractivo se encuentra en los barrios que todavía conservan el ambiente de otra época.

Asakusa es uno de ellos. El templo Sensō-ji, considerado el más antiguo de Tokio, recibe a los visitantes con su enorme linterna roja y una calle comercial repleta de pequeños puestos.

El recorrido puede continuar por Ueno, donde se concentran museos y jardines, antes de llegar a Akihabara, territorio de la electrónica, los videojuegos y la cultura pop japonesa.

Son tres ambientes radicalmente distintos que permiten comprender parte de la diversidad de la capital.

Día 3. Shibuya, Harajuku y Shinjuku: la ciudad contemporánea

Pocos lugares representan al Tokio moderno tan claramente como Shibuya. Su célebre cruce peatonal concentra a miles de personas que avanzan en distintas direcciones con una coordinación sorprendente.

Muy cerca se encuentran Harajuku, famoso por sus tendencias juveniles, y Omotesando, donde las grandes firmas de moda ocupan edificios diseñados por reconocidos arquitectos.

Entre ambos aparece el santuario Meiji, rodeado por un bosque que ofrece un inesperado descanso del movimiento urbano.

Para contemplar la ciudad desde las alturas, Shibuya Sky ofrece una perspectiva espectacular, especialmente al atardecer.

La jornada puede terminar en Shinjuku. Sus calles iluminadas, pequeños restaurantes y bares diminutos muestran un Tokio nocturno que parece funcionar bajo reglas propias.

Día 4. Arte, arquitectura y una cena inolvidable

Tokio también es una de las grandes capitales mundiales del diseño.

En Azabudai Hills, la arquitectura contemporánea convive con tiendas, galerías y propuestas gastronómicas. Aquí se encuentra teamLab Borderless, una experiencia artística inmersiva donde las imágenes digitales se transforman continuamente.

Por la tarde, vale la pena regresar a Ginza para explorar sus tiendas especializadas o visitar alguna galería.

La noche merece una experiencia omakase, término que podría traducirse como «lo dejo en tus manos».

En este tipo de restaurante, el chef decide qué servir según la temporada y la disponibilidad de ingredientes. Sentarse frente a la barra permite observar cada movimiento, desde el corte del pescado hasta la preparación del arroz.

Es recomendable reservar con varias semanas de anticipación, especialmente en los establecimientos más solicitados.

Día 5. Hakone: aguas termales y vistas al monte Fuji

Hakone, en la región montañosa de Kanagawa, es uno de los destinos tradicionales para descansar en aguas termales. El viaje desde Tokio puede realizarse en tren y permite combinar naturaleza, arte y hospitalidad japonesa.

Entre sus atractivos se encuentran el Museo al Aire Libre de Hakone, el lago Ashi y los miradores desde donde, si las condiciones meteorológicas lo permiten, puede apreciarse el monte Fuji.

Sin embargo, la experiencia más especial está en pasar la noche en un ryokan.

Estos alojamientos tradicionales suelen tener habitaciones con suelo de tatami, baños termales y una atención cuidadosamente personalizada.

Algunos ofrecen onsen privados, ideales para disfrutar de las aguas minerales sin compartir las instalaciones.

La cena suele ser otro de sus grandes atractivos. Un menú kaiseki presenta pequeños platillos elaborados con ingredientes de temporada, servidos en una secuencia donde intervienen el sabor, la textura y la presentación.

Conviene llegar temprano al ryokan para disfrutar la tarde completa.

De Hakone a Kioto: el viaje continúa

Hakone también marca un cambio en el carácter del viaje. Atrás quedan los rascacielos de Tokio y comienza una ruta donde los templos, los jardines y las antiguas capitales cobran protagonismo.

Kioto es la siguiente parada, pero el recorrido apenas comienza. De ahí seguiremos hacia Nara, Hiroshima, la isla de Miyajima y Osaka, donde la gastronomía merece un capítulo propio.

De los templos de Kioto a los sabores de Osaka, continúa nuestro viaje de 14 días por Japón.

Antes de continuar el viaje

Para estos primeros cinco días, lo recomendable es establecer una sola base en Tokio y reservar únicamente la última noche en Hakone.

Una buena estrategia consiste en enviar el equipaje principal directamente al hotel de Kioto mediante un servicio de mensajería y llevar a Hakone una maleta pequeña.

Así, el sexto día podrás continuar hacia Kioto desde la estación de Odawara sin necesidad de regresar a Tokio.

Las luces de la capital y las montañas de Hakone son apenas el comienzo de un país que cambia de personalidad con cada trayecto.