La primera temporada de The Gentlemen tenía algo peligrosamente divertido. Un duque heredaba una finca, descubría que debajo funcionaba un enorme negocio de marihuana y, casi sin darse cuenta, terminaba negociando con traficantes, matones y familias criminales. Había muertos, desde luego, pero Guy Ritchie mantenía el juego ligero: trajes impecables, diálogos rápidos, personajes excéntricos y violencia administrada con una sonrisa.

En la segunda temporada la sonrisa empieza a desaparecer.

Ha pasado un año. Eddie Horniman, interpretado por Theo James, ya no es el aristócrata atrapado accidentalmente en el negocio de los Glass. Ahora entiende sus reglas, disfruta el poder y quiere crecer. La operación se expande fuera de Inglaterra y llega hasta Italia; con ella aparecen nuevos enemigos y un Eddie mucho más ambicioso.

Y ahí está el cambio fundamental de la serie: Eddie dejó de intentar sobrevivir al mundo criminal y comenzó a sentirse cómodo dentro de él.

The Gentlemen / serie de Netflix
El duque empieza a parecerse al gánster

Theo James conserva la elegancia y ese control casi militar del personaje, pero esta vez algo se ha endurecido. Sus decisiones tienen consecuencias más graves y su fascinación por el poder comienza a modificar incluso su relación con Susie Glass.
Kaya Scodelario también encuentra más profundidad en Susie. Sigue siendo posiblemente la persona más inteligente de la habitación, aunque ahora debe enfrentarse a un socio cada vez menos predecible. Su relación conserva la química de la primera temporada, pero la confianza empieza a compartir espacio con la competencia y la sospecha. Scodelario incluso ha descrito a Eddie y Susie como una suerte de “work husband-work wife”, una asociación íntima en la que poder y lealtad resultan difíciles de separar.

El resultado es una temporada más violenta y considerablemente más sombría. Varias críticas han señalado precisamente ese cambio de temperatura: el humor sigue presente, pero ahora la corrupción de Eddie ocupa el centro de la historia.

La sombra de Michael Corleone comienza a sentirse.

The Gentlemen / serie de Netflix
Treinta años perfeccionando al gánster británico

Para Guy Ritchie, este territorio resulta familiar.

En Lock, Stock and Two Smoking Barrels (1998), sus delincuentes eran tipos de barrio intentando conseguir dinero rápido y sobreviviendo a sus propios errores. En Snatch (2000), convirtió ese universo en una maquinaria frenética de apuestas, diamantes, boxeadores clandestinos y criminales incapaces de controlar el caos que ellos mismos habían creado. Aquellas películas prácticamente definieron su manera de contar historias criminales.

Dos décadas después, la película The Gentlemen retomó ese ADN desde otro nivel social. Matthew McConaughey interpretaba a Mickey Pearson, un estadounidense que había construido un imperio de cannabis escondiendo plantaciones bajo las propiedades de aristócratas británicos necesitados de dinero. El crimen de Ritchie había descubierto la campiña inglesa, el tweed y las casas señoriales.

La serie llevó la idea un paso más lejos: puso al aristócrata dentro del negocio.

Y la segunda temporada completa la transformación.

Eddie ya tiene el apellido, la propiedad y los contactos. Lo que está adquiriendo ahora es algo mucho más peligroso: el gusto por mandar.

The Gentlemen / serie de Netflix
Cuando el traje ya no basta

Visualmente, The Gentlemen continúa siendo puro Guy Ritchie. Automóviles clásicos, tailoring británico, mansiones, relojes, whisky, interiores impecables y personajes capaces de discutir un asesinato con la misma cortesía con la que ordenarían la cena.

Ese contraste sigue siendo parte de su atractivo.

Pero debajo del vestuario hay una historia cada vez menos juguetona. El propio universo criminal se amplía, la acción abandona parcialmente la campiña inglesa y aparecen conexiones internacionales que hacen que el negocio de los Glass parezca menos pintoresco y bastante más serio. Netflix ya confirmó además una tercera temporada, señal de que la transformación de Eddie está lejos de terminar.

Quizá ahí se encuentre la evolución más interesante del gánster según Guy Ritchie. Los delincuentes de Lock, Stock querían hacerse ricos. Mickey Pearson quería retirarse rico.

Eddie Horniman empieza a querer algo distinto: poder.

Y esa ambición convierte a la segunda temporada de The Gentlemen en una serie más oscura, más adulta y, posiblemente, mucho más peligrosa que la que conocimos en su primera entrega.